En el “Torneo de la Victoria” de Londres 1946,
celebrado para conmemorar la victoria de las fuerzas aliadas en la Segunda
Guerra Mundial, se formó una especie de comité o tribunal, presidido por
el ex Campeón del Mundo Max Euwe, para juzgar el caso del Campeón del
Mundo Alexander Alekhine, ya marginado de las competencias internacionales
por haber escrito artículos pro-nazis y antisemitas.
Entre todos los participantes sólo un Gran Maestro
se opuso, es lógico preguntarse quién era el que no apoyó la
iniciativa, ¿alguien a quien los horrores de la guerra y el propio
nazismo le eran ajenos o indiferentes?, ¿o tal vez alguien incapaz de
sentir empatía con las víctimas de las matanzas recientes?
La respuesta es sorprendente, un terminante no a
ambos interrogantes, era alguien comprometido al máximo.
El argumento de su negativa era que la medida era hipócrita,
porque las ideas de Alekhine ya eran conocidas por todos desde antes de la
guerra y nadie había protestado.
El opositor mencionado tomó las armas contra los
nazis; durante la invasión alemana a Francia logró salir de Paris y
llegar a Londres, para unirse, con el rango de Teniente (con el apellido
falso Cartier), al Ejército Francés comandado por De Gaulle; antes, en
1911, sus padres fueron ejecutados en Rostov on Don en una de las purgas
de la Rusia zarista.
Tal capacidad de perdón sólo puede encontrarse en
espíritus muy elevados, como era el caso de Savielly Tartakower, quien ha
sido descripto por el maestro holandés Hans Ree como “un hombre
admirable, gran ajedrecista, ingenioso y diligente escritor y periodista,
Doctor en Derecho, poeta en 3 idiomas, crítico de música, soldado
valeroso, y según todos quienes le conocieron, sobre todo un hombre de
honor.”
El Dr. Savielly Grigorievich Tartakower (1887 –
1956) nació en Rusia, aunque con nacionalidad austriaca, sus padres eran
de religión judía, pero se convirtieron al cristianismo poco antes de su
nacimiento.
Dominaba, hablando con fluidez, el ruso, alemán y
francés, además de griego y latín; fue crítico de música durante su
larga e intermitente estancia austriaca en el periódico “Wiener
Abendzeitung”, y traductor, incluyendo poesía, entre varios de esos
idiomas.
En 1903, con 16 años emigró de su nativa Rusia a la
parte francesa de Suiza, en 1904 se inscribió como estudiante de Derecho
en la Universidad de Ginebra y luego en la de Viena, y según el maestro
Hans Kmoch, “si bien su acento era tan ruso como una balaica, él mismo
eran tan vienés como un vals”.
Conoció la riqueza y la pobreza, y frecuentó todos
los ambientes, posiblemente su época más distinguida, fue la que pudo
vivir en los primeros años de su estancia en Viena, frecuentando el
Wiener Schachklub, que en esa época vivió una etapa esplendorosa,
presidido por el Barón Albert Von Rothschild, el club tenía 700
miembros, era un edificio de 2 pisos, con su propio restaurante, salas de
juego, con empleados, camareros y 2 secretarios, uno de los cuales sólo
se ocupaba de ajedrez.
La atmósfera era tal que no hacía falta recordar a
los miembros que debían asistir al club con traje y corbata, Tartakower
se sentía en su elemento en tal ambiente, de alto nivel de vida, se
relacionaba con los banqueros, abogados, constructores, etc., que asistían
al club tras la cena a jugar al tarock, el juego de cartas nacional de
Austria, basado en figuras del tarot.
Cuando estalló la Primera Guerra Mundial, en 1914,
Tartakower, que estaba en la ruina, combatió en el frente ruso como
Teniente del Regimiento Vienés de Infantería.
Fue herido en una ocasión, culminando con una bala
alojada en su abdomen, se recobró, y también de una fractura de cráneo
en Viena, pocos años antes, tenía una constitución física formidable,
“con músculos de gladiador”, comenta Kmoch.
Cuando la guerra finalizó, Tartakower volvió a
Viena, a su vida de maestro de ajedrez, acotemos que naturalmente no era
un hombre perfecto, le gustaba el juego (pagó siempre todas sus deudas) y
no tenía un carácter fácil, era difícil acceder a él si él no lo
quería.
Era incapaz de aprovecharse de ninguna situación de
modo innoble, en una ocasión, unos admiradores ricos se enteraron de que
Tartakower tenía problemas económicos, y organizaron un torneo de
partidas rápidas con un inusual alto primer premio, con la convicción de
que ganaría Tartakower, sin embargo el maestro húngaro Alexander Takacs
fue el vencedor, los organizadores tuvieron una discusión en húngaro con
Takacs y le restaron un punto por alguna misteriosa razón, con lo cual el
primer premio pasó a Tartakower, obsequiosamente el presidente ofreció
el primer premio a Tartakower que consistía en una respetable montaña de
dinero en metálico, Tartakower se levantó y derribó la montaña tirando
el dinero al suelo, “conteniendo a duras penassu deseo de tirarle el dinero a la cara del presidente”, relata
Kmoch.
Muy pronto se hizo famoso como escritor especialista
en ajedrez; su capacidad de trabajo, facilitada en parte por su tremenda
robustez física, era simplemente increíble, era capaz de sentarse y
escribir durante 48 horas seguidas, con pocas interrupciones, y sin
necesidad de un mínimo confort, durante el invierno de 1919 – 1920,
Viena sufrió escasez de combustible, Kmoch le preguntó cómo podía
trabajar en su habitación sin calefacción, la respuesta de Tartakower es
para quedarse literalmente helado “Dejo la ventana abierta”.
Las dos Grandes Guerras trajeron cambios de fronteras
y naciones, se le adjudicó la nacionalidad ucraniana, cuando Ucrania
perdió su independencia, su nacionalidad fue transferida a Polonia, fue
representante polaco en cinco Olimpiadas logrando 1 oro, en la Copa
Hamilton Russell de Hamburgo 1930, 2 platas (Praga 1931 y Buenos Aires
1939) y 2 bronces (Varsovia 1935 y Estocolmo 1937)
Abandonó Viena para emigrar a Francia a principios
de los años 20, se radicó en Paris, y años después, por residencia,
adquirió su cuarta nacionalidad, la ciudadanía francesa.
Escribió
muchos libros, y es famoso por sus aforismos, como “el vencedor es quien
comete el penúltimo error”, “es mejor sacrificar las piezas del
adversario”, “los errores están en el tablero, esperando ser
realizados”, “alguna parte de un error es siempre correcta”, etc.
Creador de
muchas variantes de aperturas, que llevan su nombre, su mejor época
ajedrecística fueron los años 20, y parte de los años 30, donde estuvo
siempre entre los 10 mejores jugadores del mundo, aunque nunca llegó a
ser un aspirante real al título mundial, aunque debemos reflejar una
opinión de Capablanca al respecto: "Si
Tartakower dedicase más atención a su juego en los torneos, en vez de
hacer durante los mismos sus artículos, sería acaso el más temible
aspirante a los primeros lugares y un serio candidato al título
mundial".
Falta una
característica de nuestro homenajeado, cuyo nombre y apellido tienen
muchas versiones, según los idiomas; haré una pequeña aportación
personal, una vez en el Club Argentino de Buenos Aires le pregunté a Don
Miguel Najdorf quién era el ajedrecista más talentoso que había
conocido, y respondió que Capablanca, y sobre quién tenía más sentido
del humor, hizo su gesto típico de mover los dedos de su mano derecha,
como diciendo algo obvio, y nombró a Tartakower, de cuya muerte se
cumplieron 50 años el pasado el 5 de febrero .
Veamos la partida que ganó solo el tercer premio de belleza con el
argumento de que el sacrificio era intuitivo, y sus consecuencias no
pudieron ser calculadas en su totalidad, en estos tiempos esa sería una
virtud del sacrificio.
Tartakower en "Les cahiers de l'échiquier français" comentó
que esta era la mejor partida que había jugado en toda su carrera.
1.d4
e6 2.c4 f5 3.Cc3 [En
partidas modernas se prefiere 3.g3 sin definir aún el destino de los
caballos.] 3...Cf6
4.a3 [A las blancas
les molestaba Ab4, pero claro que con esta pérdida de tiempo la ventaja
de la salida desaparece.]4...Ae7 5.e3 0–0 6.Ad3 d5! [Las negras optan por un
Stonewall, donde haber jugado a3 es incluso una desventaja, al impedir el
plan típico de un eventual Ac1–a3.] 7.Cf3 c6 8.0–0 Ce4 9.Dc2
Ad6 10.b3 Cd7 11.Ab2 Tf6 12.Tfe1?! [Era
preferible 12.Ce2! para jugar Ce5, y frenar la iniciativa negra.]12...Th6
[Amenazando
ganar con 13... Axh2+ seguido de Dh4.]13.g3 Df6 14.Af1 [Si,
por ejemplo, 14.Cd2, habría seguido 14...Cxf2! 15.Rxf2 Txh2+ 16.Rg1 Dg5
con ataque ganador.]14...g5 15.Tad1? [Tartakower
comentó que era necesario 15.Ag2 para poder defenderse con Cd2-f1, a lo
que las negras hubieran replicado con 15...Dg6 con idea de Dh5, y Cf6-g4.]
15...g4 16.Cxe4 [Tampoco
ahora se habría podido jugar 16.Cd2 a causa de 16...Cxf2! (Tartakower)
17.Rxf2 Txh2+ 18.Ag2 Axg3+!;o bien 16.Ch4 Txh4! ganando.] 16...fxe4
17.Cd2
17...Txh2!!
["Ocurre muy raramente que un jugador sacrifique una
torre, sin tener amenaza concreta e inmediata a su disposición. En toda
la literatura ajedrecística, yo sólo conozco un caso, la partida Maroczy
- Tartakower, Teplitz Schönau 1922, una obra maestra del Dr. Tartakower."
Rudolf Spielmann, en su libro "El Arte del Sacrificio". Un espíritu
menos aventurero hubiera jugado 17...Cf8 con buenas perspectivas.]18.Rxh2 Dxf2+ 19.Rh1! [Lo
mejor, si 19.Ag2? sigue 19...Cf6! 20.Dc3 Dxg3+ 21.Rg1 Dh2+ 22.Rf1
Ad7, con la amenaza Tf8 (Tartakower) (o
también 22...Ch5 23.Cxe4
dxe4 24.d5 e5 25.dxc6 Cg3+ 26.Rf2 Ae6, etc.) ]19...Cf6! ["La clave principal
de la hermosa combinación. La clavada del Cd2 constituye un elemento
esencial de la combinación de las negras." Reti. Si 19...Dxg3? las
blancas habrían tenido tiempo de acudir a la defensa del rey mediante
20.Cb1 permitiendo a la dama defender por la segunda línea.]20.Te2
Dxg3 21.Cb1 Ch5 [Contra
21...Dh4+? sería excelente defensa 22.Th2! y desaparece el ataque (Tartakower)]
22.Dd2 [Si 22.Tg2 Dh3+
23.Rg1 Ad7! 24.Te2 Dg3+ 25.Tg2 Dxe3+ 26.Df2 Dxf2+ y las negras quedan con
un final ganador.] 22...Ad7! [Es notable que las negras, después de la entrega de una torre,
puedan proseguir con su desarrollo de modo normal, la razón es que el
juego está cerrado y no es posible activar las piezas blancas con
rapidez.] 23.Tf2 [Tratando de demorar la irrupción de la torre negra en la columna
f.] 23...Dh4+ 24.Rg1 Ag3! 25.Ac3 [Si
25.Th2!? habría seguido 25...Axh2+ 26.Dxh2 Dg5; 25.Tg2 Tf8 26.De2 Tf3 27.Ac3 Ad6 28.Ae1 g3 29.Cd2 Dg4 con
la idea de Cg7-f5.] 25...Axf2+ 26.Dxf2 g3 27.Dg2 Tf8 [Y
las negras completan su desarrollo, conquistando la torre la posición
ansiada, y ahora se amenaza 28...Tf2 29.Dh1 Th2 ganando la dama (Reti)]
28.Ae1 [Si 28.Dh1 Tartakower dio
la siguiente variante ganadora: 28...Dg5 29.Te1 Tf2 30.Ag2 Cf6 31.Cd2 h5
32.Cf1 h4 33.Ab4 e5 34.dxe5 Cg4 35.Ad6 Txf1+! 36.Axf1 Ch2! 37.Ag2 Ag4
etc.] 28...Txf1+! [Digno
remate para una partida brillante; gracias a esta segunda entrega de torre
el alfil de casillas blancasse
incorpora decisivamente al ataque. En cambio 28...Dh2+?! 29.Dxh2 gxh2+
30.Rxh2 Txf1 31.Cd2 Tf8 32.Ah4 hubiera permitido una tenaz resistencia.]29.Rxf1 e5 30.Rg1 [Si 30.Axg3
Cxg3+ 31.Rf2 Ag4 32.Dxg3 (o32.Te1
Ce2+ 33.Rf1 Rh8 seguido de Ah3)
32...Dxg3+ 33.Rxg3 Axd1, con final ganador. Tampoco es conveniente
para las blancas la jugada 30.Re2 Ag4+ 31.Rd2 Dh2! etc.] 30...Ag4
31.Axg3 [Ya no hay jugadas
satisfactorias. Si 31.Td2 Af3 32.Axg3 Cxg3 33.Dh2 Dg5 34.Rf2 Cf5 35.Dg1
Ag4 ganando.] 31...Cxg3 32.Te1 Cf5! 33.Df2 Dg5 34.dxe5 [Si
34.Rf1 sigue Dh5 35.Dg1 Dh4 36.Cc3 Cg3+ 37.Rg2 Ch1! 38.Rf1 Df6+ y mate.] 34...Af3+
35.Rf1 Cg3+
0-1
El
resultado parece de tablas sencillas dado el poco material existente; sin
embargo las blancas pueden explotar la descoordinación de las piezas
negras, entre ellas la situación indefensa del Cb2, para ganar material
decisivo. 55.Cf6! Txd6 56.Te8+ Rc7 57.Te2 [Con
la doble amenaza de capturar el Cb2, y 58.Ce8+.]57...Td1 58.Txb2 [La partida está
decidida, y aunque las negras resistieron buscando chances prácticas,
Topalov no dio lugar al " milagro."]58...Tg1+ 59.Rh6 Rc6
60.Ce4 Rd5 61.Tb4 Rc6 62.Td4 Tg4 63.Cf2 Rc5 64.Td1 Tg2 65.Cd3+ Rc4 66.Ce5+
Rc3 67.Tc1+ Rb2 68.Tc6 Rb3 69.Txg6 Tf2 70.Tg3+ Rc2 71.Cd3 1-0